Programas de Apoyo Gubernamentales, remedio casero para la neumonía de las PyME

Las PyMe forman la mayor parte de las empresas en todos los países, y los programas para apoyarlas son un instrumento de política común en los países de ingresos elevados y los países en vías de desarrollo,  para promover el crecimiento, una creciente competitividad y la creación de empleos.

Existen herramientas para evaluar rigurosamente los programas para las PyME y obtener indicaciones sobre cómo se pueden diseñar y aplicar mejor los programas para mejorar sus impactos en el desempeño de las empresas, pero se usan poco.

Un estudio acerca de lo ocurrido de 2001 a 2006 concluye que sí hubo mucha inversión en apoyo PyME, pero que el gasto no fue bien encaminado.

Y al hablar de la información disponible para hacer estudios comparativos costo/beneficio y medir resultados, argumentaron que la carencia de información fácilmente disponible sobre los presupuestos de programas, actividades y beneficiarios apunta a la necesidad de una consolidación mejorada de la información sobre las PyME, a fin de mejorar también la capacidad de los responsables de las políticas para realizar evaluaciones y hacer comparaciones a través de programas, y para asegurar que los recursos fiscales escasos del país estén alcanzando el impacto más grande posible.

Los hechos, como se señalaron al inicio de la nota, ocurrieron de 2001 a 2006, y se espera que en la actualidad esa fuerte enfermedad que enfrenta un gran número de empresas PyME (traducida en escaso crecimiento, lento o nulo desarrollo y falta de competitividad internacional) sea vencida a través del uso de un potente antídoto que haga frente a los fuertes vaivenes del entorno globalizador.

Los estudios sobre México de Banco Mundial contribuyeron al conjunto acumulado de evidencia reciente sobre los impactos de los programas para PyME en el desempeño de las empresas. No todos los programas para PyME son igualmente efectivos, como sugiere la evaluación y los resultados de evaluaciones similares en países de altos ingresos y en países en vías de desarrollo.

Aunque este conjunto de investigaciones mejora colectivamente nuestro conocimiento sobre la medición del impacto de los programas, sigue siendo imitado nuestro entendimiento de por que algunos programas funcionan mientras otros no lo hacen y cómo los programas pueden volverse más eficientes.

 

 

 

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